
Cuando Dios creó al primer hombre, Adán, lo puso en el hermoso paraíso de Edén. ¡Qué placer debe haber hallado Adán en la abundancia de amorosas provisiones de Dios que lo rodeaban! Más tarde, Dios formó a Eva y la llevó a Adán.
Sin embargo, triste como sea decirlo, aquel futuro no habría de realizarse, por lo menos no respecto a ellos. Una criatura espiritual rebelde, movida por egoísmo, se apartó del amor de Dios y se convirtió en Satanás el Diablo.