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21 de mayo de 2010

¿Por qué debemos orar incesantemente?

Oren incesantemente. Con relación a todo, den gracias.” 
(1 TESALONICENSES 5:17, 18.)


EL PROFETA Daniel tenía la costumbre de orar a Dios tres veces al día. Se arrodillaba ante la ventana de su cámara del techo, que estaba orientada hacia Jerusalén, y ofrecía sus súplicas (1 Reyes 8:46-49; Daniel 6:10). Aun cuando un decreto real prohibió que se orara a cualquiera que no fuera el rey medo Darío, Daniel no titubeó ni por un momento en continuar con su costumbre. Estuviera su vida en peligro por ello o no, este hombre de oración hacía ruegos a Jehová incesantemente.

7 de abril de 2010

El amor en acción

“El amor nunca falla.”—1 Cor. 13:8.


EN ESTE mundo, repetidamente vemos y oímos la palabra “amor.” Aparece en canciones, libros y películas y en carteles, cartelones y botones. Sin embargo, vivimos en un mundo en el cual el amor abnegado ciertamente es raro. Esto no debe sorprendernos, porque muchas personas equivocadamente llaman amor a la pasión y el sentimentalismo. No están familiarizadas con el amor que distingue a los discípulos verdaderos de Jesucristo.

5 de abril de 2010

Su Hacedor se interesa profundamente en usted

Dios no es parcial, sino que en toda nación el que le teme y obra justicia le es acepto.”—Hech. 10:34, 35.


EL DIOS Altísimo ya ha demostrado su amor superlativo a la humanidad. Aunque amaba profundamente a su Hijo unigénito, Jehová Dios hizo arreglos para que éste muriera a favor de nosotros de modo que pudiéramos ser reconciliados con Él y con el tiempo disfrutar de vida eterna en perfección. (Juan 3:16; Rom. 5:6-8) En vista de esto, ¿pudiéramos imaginarnos que Dios hubiera de considerar a los seres humanos como solo una masa de personas “sin rostro,” o que él hubiera de seleccionar a cierto grupo sobre el cual otorgar su favor y entonces sencillamente pasar por alto a las demás personas?

15 de marzo de 2010

¿Tiene sentido el creer en Dios?

DIFÍCILMENTE se enfrentará usted alguna vez a una pregunta más importante que ésta: ‘¿Existe Dios?’ La conclusión a que usted llegue puede afectar su punto de vista en cuanto a su familia, empleo, dinero, moralidad y hasta la vida misma.



Si se les preguntara: ‘¿Existe Dios?’ muchas personas contestarían repitiendo lo que han leído u oído de otras personas. Sin embargo, usted debería meditar personalmente en esa pregunta. En su libro Man, God and Magic (El hombre, Dios y la magia), el Dr. Ivar Lissner declara que una “diferencia fundamental entre el hombre y la bestia” es que “el hombre no está contento con solo dormir, comer y abrigarse.”


El hombre tiene un “impulso extraño e inherente” al que puede llamársele “espiritualidad.” El Dr. Lissner añade que ‘todas las civilizaciones de la humanidad han estado arraigadas en la búsqueda de Dios.’ Por eso, el que usted aborde la pregunta: ‘¿Existe Dios?’ es una evidencia de que usted no ha descuidado un atributo importante... su espiritualidad.


¿Cómo pudiera usted determinar si hay un ‘hacedor y gobernante del universo, un Ser Supremo,’ como define a “Dios” cierto diccionario? Pues bien, la razón dicta que si hay un ‘hacedor del universo,’ debería haber indicaciones del principio del universo, además de evidencia de diseño y orden.



Al examinar usted si hay estas cosas o no, lo invitamos a considerar lo que los biólogos han descubierto acerca de la vida y lo que los físicos y astrónomos han llegado a saber acerca de nuestro universo usando telescopios y sondas espaciales.

12 de marzo de 2010

¿Oraciones sin fe?

Jesús era un hombre de oración. Oró en todo momento: cuando fue bautizado (Lucas 3:21), toda la noche antes de escoger a sus doce apóstoles (Lucas 6:12, 13) y antes de su transfiguración milagrosa en la montaña, con los apóstoles Pedro, Juan y Santiago. (Lucas 9:28, 29.) Estaba orando cuando uno de los discípulos le pidió: “Enséñanos a orar”, y entonces les enseñó la oración del padrenuestro. (Lucas 11:1-4; Mateo 6:9-13.)



Oraba solo y durante largo rato temprano por la mañana (Marcos 1:35-39); al atardecer, en una montaña, después de despedir a sus discípulos (Marcos 6:45, 46); con sus discípulos y por sus discípulos. (Lucas 22:32; Juan 17:1-26.) Sí, la oración fue una parte importante de la vida de Jesús.


Oró antes de ejecutar milagros; por ejemplo, antes de resucitar a su amigo Lázaro: “Padre, te doy gracias porque me has oído. Cierto, yo sabía que siempre me oyes; pero a causa de la muchedumbre que está de pie en derredor hablé, a fin de que crean que tú me has enviado”. (Juan 11:41, 42.)


La certeza de que su Padre contestaría aquella oración indica la fuerza de su fe. Esta relación entre la oración a Dios y su fe en él se evidencia en lo que dijo a sus discípulos: “Todas las cosas que oran y piden, tengan fe en que pueden darse por recibidas”. (Marcos 11:24.)

26 de febrero de 2010

Confíe en que Dios escucha

Nunca pierda la confianza en la eficacia de la oración si no recibe una respuesta enseguida. Las respuestas a algunas oraciones —como cuando pedimos alivio personal de la angustia o mayores responsabilidades en el servicio a Dios— tal vez tengan que esperar a que llegue el tiempo que Dios considere apropiado y mejor. (Lucas 18:7, 8; 1 Pedro 5:6.)

25 de febrero de 2010

¿Le escucha Dios cuando usted ora?

UN JEFE de Estado decide si va a delegar un asunto, o va a encargarse de él personalmente. Del mismo modo, el Gobernante Soberano del universo tiene la opción de determinar el grado de su envolvimiento personal en algún asunto. Las Escrituras enseñan que Dios ha optado por atender personalmente a nuestras oraciones y por eso nos dicen que las dirijamos a él. (Salmo 66:19; 69:13.)



Lo que Dios opta por hacer en este asunto revela su interés personal en las oraciones de sus siervos humanos. En lugar de disuadir a su pueblo de expresarle todos sus pensamientos y preocupaciones, los exhorta así: “Oren incesantemente”, “perseveren en la oración”, ‘arrojen su carga sobre Jehová mismo’, ‘echen sobre Dios toda su inquietud’. (1 Tesalonicenses 5:17; Romanos 12:12; Salmo 55:22; 1 Pedro 5:7.)

12 de febrero de 2010

Demostremos amor por el Hijo de Dios


Mostrar amor a Jesucristo obedeciendo sus mandamientos nos permitirá rechazar cualquier tentación de caer en el pecado. “Si observan mis mandamientos —señaló Jesús—, permanecerán en mi amor, así como yo he observado los mandamientos del Padre y permanezco en su amor.” (Juan 15:10.)