Dios no es parcial, sino que en toda nación el que le teme y obra justicia le es acepto.”—Hech. 10:34, 35.
EL DIOS Altísimo ya ha demostrado su amor superlativo a la humanidad. Aunque amaba profundamente a su Hijo unigénito, Jehová Dios hizo arreglos para que éste muriera a favor de nosotros de modo que pudiéramos ser reconciliados con Él y con el tiempo disfrutar de vida eterna en perfección. (Juan 3:16; Rom. 5:6-8) En vista de esto, ¿pudiéramos imaginarnos que Dios hubiera de considerar a los seres humanos como solo una masa de personas “sin rostro,” o que él hubiera de seleccionar a cierto grupo sobre el cual otorgar su favor y entonces sencillamente pasar por alto a las demás personas?
¡Eso jamás pudiera suceder! Dios reconoce a toda persona como individuo distinto. Su “voluntad es que hombres de toda clase sean salvos y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad.” (1 Tim. 2:4) El apóstol Pedro, al ver que Dios aceptó a los gentiles en la congregación cristiana, exclamó: ¡“Con certeza percibo que Dios no es parcial, sino que en toda nación el [o la persona, individualmente,] que le teme y obra justicia le es acepto”!—Hech. 10:34, 35.
Jesucristo fue enviado por Dios para darse como “rescate correspondiente por todos.” (1 Tim. 2:6) Él ‘gustó la muerte por todo hombre,’ y compró a la raza entera. (Heb. 2:9) Entonces, ¿sería lógico que el Hijo de Dios tuviera una actitud apática, y dijera, en realidad: ‘Yo di mi sangre vital por todos, pero ¿qué importancia tiene esta sola persona? ¿Me da lo mismo que pierda su vida como que no?’ ¡Nunca! Bajo su reino cada individuo a quien su rescate aplica recibirá atención, con la oportunidad de alcanzar la vida.
5 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada